El uso de luz ultravioleta (UV-C) como método germicida está ampliamente documentado y se emplea en laboratorios desde principios del siglo XX. La luz UV actúa sobre las bases de timina en el DNA y RNA, formando dímeros que bloquean la replicación y transcripción de los ácidos nucleicos, evitando así que las bacterias se reproduzcan. Para afectar el metabolismo celular de manera significativa, se requieren dosis más altas o longitudes de onda más cortas.

¿Cómo funciona la luz UV?

La eficacia de la luz UV depende de la intensidad y el tiempo de exposición, generalmente medida en μWatt·seg/cm². Para inactivar más del 99,9 % de las bacterias, se necesitan exposiciones de entre 3.000 y 12.000 μWatt·seg/cm². Las lámparas UV utilizadas en sistemas de agua de laboratorio suelen ser de mercurio de baja presión, emitiendo principalmente a 254 nm.

Aplicación de UV: en el depósito vs. en línea

Existen dos formas principales de aplicar la luz UV en sistemas de purificación de agua:

  1. UV en el depósito: Las lámparas instaladas en depósitos de almacenamiento reducen temporalmente la población bacteriana planctónica, pero no afectan completamente la biopelícula, que puede proteger a las bacterias y disminuir la efectividad del tratamiento. La limpieza periódica y la esterilización química siguen siendo necesarias para un control duradero.
  2. UV en línea: Esta configuración expone toda el agua a la luz UV mientras fluye por una cámara cilíndrica. La circulación constante reduce la adhesión bacteriana y evita la formación de biopelículas, ofreciendo un control más efectivo y sostenido de la población microbiana.

Diseño y orientación de las lámparas UV

El rendimiento de las lámparas UV no depende significativamente de si se instalan vertical u horizontalmente. Factores como la calidad del manguito de cuarzo son más determinantes, ya que un cuarzo sintético resistente a la solarización garantiza una transmisión óptima de la luz UV.

En los sistemas modernos, las cámaras UV están diseñadas con un flujo de recirculación que maximiza la exposición del agua a la luz, dañando permanentemente las células bacterianas y asegurando su eliminación. La lámpara se ubica dentro de un manguito de cuarzo, protegido por una carcasa reflectante de acero inoxidable, permitiendo que el agua fluya de manera uniforme alrededor de la fuente de luz.

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