
En los sistemas de agua pura utilizados en laboratorios, clínicas o industrias, uno de los principales retos para mantener la calidad del agua es la formación de biopelículas. Estas son comunidades de microorganismos que se adhieren a las superficies internas de las tuberías, filtros o tanques, desarrollándose dentro de una matriz viscosa que ellas mismas generan.
A diferencia de las bacterias que flotan libremente en el agua, las que forman parte de una biopelícula están protegidas por una capa de sustancias poliméricas que las hace más resistentes frente a los agentes químicos, la radiación ultravioleta y otros tratamientos antimicrobianos.
¿Cómo se forma una biopelícula?
El proceso inicia cuando una bacteria libre se adhiere a una superficie húmeda. Si las condiciones son adecuadas, otras especies microbianas se suman, formando una capa más estable y difícil de eliminar. A lo largo del tiempo, estas colonias maduran y comienzan a liberar nuevas bacterias, que se dispersan para colonizar otras áreas del sistema.
El desarrollo completo de una biopelícula puede dividirse en cinco etapas:
- Adhesion inicial.
- Adhesion irreversible.
- Maduración I.
- Maduración II.
- Dispersión.
Durante este proceso, las bacterias establecen una red compleja de comunicación y metabolismo que les permite sobrevivir incluso en ambientes con muy pocos nutrientes.
Impacto en la pureza del agua
La presencia de biopelículas en un sistema de purificación puede generar contaminación continua e impredecible, liberando bacterias al flujo de agua. Esta liberación puede alterar parámetros críticos como el TOC (Carbono Orgánico Total) y aumentar la presencia de RNasas y endotoxinas, afectando directamente la calidad del agua destinada a procesos sensibles.
Incluso los filtros diseñados para retener microorganismos pueden verse comprometidos, ya que las biopelículas logran adherirse y avanzar a través de materiales porosos, generando contaminación secundaria.
Prevención y control
Eliminar completamente una biopelícula establecida es complicado, por lo que la prevención es la mejor estrategia.
Las medidas más efectivas incluyen:
- Esterilización periódica del sistema, especialmente en las primeras etapas de formación.
- Mantener el flujo de agua en movimiento, evitando zonas de estancamiento.
- Uso complementario de luz ultravioleta y filtración, como soporte de reducción bacteriana.
De acuerdo con las directrices internacionales (como CLSI C3-A4), la esterilización regular es esencial para asegurar que la contaminación microbiana se mantenga dentro de los límites establecidos.



